junio 12, 2007

Cultura y Democracia 2ª y 3ª partes

Por: Omar Fernández RamosSecretario de ACCIÓN (Amigos del Centro Cultural Internacional Óscar Niemeyer)

El reto que enfrenta Pilar Varela, como alcaldesa electa de la ciudad es lograr el crecimiento de Avilés, que según ella se pude alcanzar en gran medida gracias a la industria cultural, tesis que comparto.

demás hay bases razonables, infraestructuras, planes y antecedentes para pensar que esto es posible. Pero antes de lanzarnos a la piscina de la bonanza y la gran derrama que la industria cultural aportará a la economía, creando empleos y generando riqueza, sería bueno hacer unas reflexiones. Una industria cultural para generar el desarrollo local sostenible, necesita algo más que planes, programas técnicos y económicos, requiere de otras fuentes de recursos, además de los financieros que proporcionen la administración o las empresas, necesita estar apoyada por una sociedad del conocimiento que sustente una clase creativa, necesita involucrar a las personas.

Como decía aquella canción de Pablo Milanés, a este amor de nosotros, le hacía falta carne y deseo también. Esa carne la ponemos los ciudadanos de Avilés. Las personas somos los integrantes de esa clase creativa, que necesita Avilés y su comarca para entrar al siglo XXI. El reto de Pilar Varela es escuchar a la ciudadanía y sumar el talento local a esta gran sinergia que arrancó con el centro Niemeyer.


Me ha sorprendió mucho y gratamente la noticia de que la Fundación Metrópoli; que es la institución encargada de elaborar el plan director de la nueva centralidad avilesina que se plantea al otro lado de la ría junto al Centro Niemeyer, haya propuesto que se le encargue el diseño de la estación ferroviaria intermodal de Avilés, a un arquitecto de prestigio internacional.

Tengo algunas reflexiones al respecto que os traslado. Para empezar, aunque sabía que esta prestigiosa fundación había sido contratada para hacer el plan director de la nueva centralidad en la zona de la ría cercana al futuro Centro Niemeyer, me sorprendió la simpleza de la propuesta, no por ello despreciable, a veces lo simple es lo más sublime. La idea de que se haga otro edificio singular firmado por otro gran arquitecto de prestigio internacional, me parece una idea sensata, atractiva y que crea una sinergia estupenda con el Centro Niemeyer, pero simple.

Es más, creo que hasta yo, que no soy más que un ciudadano común, lo hubiera podido proponer, si alguien me lo hubiera preguntado. Precisamente ese es problema, que a los ciudadanos no se nos pregunta mucho. Parece que para la clase política, los ciudadanos no sabemos de esto, no debemos decidir estas cosas, para eso están los gestores, los servidores públicos, en fin ellos los políticos, los que si saben. Nuestro papel entonces, y les pregunto, a qué queda reducido, ¿a ser pagadores de impuestos y votantes en las elecciones? Sin embargo representamos el capital social de la ciudad, de donde surge la creatividad, que es lo único capaz de generar propuestas válidas para el crecimiento económico y social, según las últimas teorías del desarrollo urbano, como veremos a continuación en la siguiente parte.

En un curso de gestión cultura, al que asisto junto a varios compañeros funcionarios municipales y algún político, el profesor de la Universidad de Oviedo Francisco Blanco, se atrevió a tocar un tema casi tabú, y según él poco académico.
http://www.nrepublica.blogspot.com/


Como es economista, todo lo que no se pueda medir; contar o pesar, o representar en una curva, o atrapar en una estadística, es poco académico. El caso es que nos habló de la sociedad del conocimiento y de las ciudades creativas. Primero nos presentó a dos teóricos del desarrollo urbano Charles Landry y Richard Florida, dos gurús de altos vuelos. Landry y Florida, cada uno por su cuenta, han sido contratados por los gobiernos de los países desarrollados, son leídos y consultados por presidentes y líderes empresariales y sus obras han sido traducidas a docenas de idiomas.


Mientras Landry, (The art of city-making) nos dice que crear ciudades es un arte y no una fórmula y que las capacidades para devolver el encanto a las ciudades van más allá de la arquitectura, la gestión de los servicios o la definición de los usos del suelo. Algo que también proclama Óscar Niemeyer, cuando nos asegura que lo importante no es la arquitectura, lo importante es la GENTE.

Pues a pesar del peso específico de los declarantes, algunos todavía parecen empeñados en todo lo contrario. En el siglo XXI no es posible la dinamización cultural de una ciudad por decreto, no se logra el desarrollo cultural, ni se fomenta la sociedad del conocimiento si no se provoca el surgimiento de una clase creativa propia, y eso requiere abrir espacios de participación, establecer redes, fomentar el asociacionismo, en fin escuchar. Otra vez el triunfo de las ideas simples.

Por su parte Richard Florida preconiza para el desarrollo de la ciudad una teoría que ya hizo popular, la de las tres TES, tecnología, talento y tolerancia, como la base del dinamismo cultural de una sociedad del conocimiento, de una ciudad creativa, donde se fomenta otra vez la participación ciudadana.

Avilés tiene ya buena parte del camino de la tecnología andado, siguiendo el manual de Richard Florida de la famosas “TES”. Contamos con una poderosa red de cable coaxial, una buena oferta de ADSL, una red Wi-Fi en el centro histórico, centros de investigación de I+D+I, hay una buena parte de la población conectada a Internet y opera una programa llamado Avilés Ciudad Digital, que fomenta el acercamiento a estas tecnologías.

La segunda “TE, es la del talento, a esto contribuyen los centro formativos la Escuela Superior de Arte del Principado, los cursos universitarios impartidos en el nuevo centro de Servicios Universitarios, pero el talento formado en estos centros no es todo local, y tampoco se queda aquí al finalizar su educación. Atraer al talento es importante, pero no más que no dejarlo escapar. También es importante mimar el que tenemos aquí, sin necesidad de importaciones. La tolerancia no es un asunto menor, vivir con la otredad y en el respeto de las diferencias es un valor a desarrollar en nuestra pujante ciudad.

Richard Florida contesto a las críticas de Kotkin con una meditada y sustentada réplica. Primero demostró que las conclusiones de Kotkin entran en contradicción con las evidencias estadísticas de otros autores y que estas ciudades mencionadas San Francisco, Sidney, Londres o Berlín en las últimas décadas, generaron más empleo y de mayor calidad y con salarios más altos.

Florida defiende que los resultados económicos no son un artificio provocado por el boom de la nueva economía en los 90, dado que sus datos se extienden a varias décadas del siglo pasado, y que no existe una oposición entre la calidad de vida para las clases creativas y para las familias tradicionales, pues los trabajadores creativos también buscan la diversidad, que una de las manifestaciones de la tolerancia y esas condiciones urbanas son también condiciones favorables atractivas para las familias.

Pero además entre los miembros de esas familias hay individuos que pertenecen al sector de los trabajadores creativos. La correlación positiva entre la proporción de homosexuales en una ciudad y su vitalidad económica sólo es indicadora del efecto de las clases creativas. Los homosexuales prefieren vivir en ciudades y barrios con ambientes sociales tolerantes; el comportamiento del famoso gay index que realiza en diferentes ciudades el equipo de Richard Florida es una consecuencia, no la causa del crecimiento económico. Aunque no es ninguna secreto el impulso al desarrollo económico y cultural, que la comunidad gay de Chueca le dio al popular barrio del centro de Madrid, que estaba inmerso en un largo proceso de deterioro y marginalidad. Parece ser que hay cierto consenso en que comunidades urbanas ricas en tecnólogos, artistas, bohemios y homosexuales, tienen índices de crecimiento muy superiores a la media.

Florida también dedica un esfuerzo especial a explicar su propuesta del papel de los gestores urbanos, para defenderse de las críticas que proponen que sus teorías promueven un exceso de intervencionismo y gasto público.

Florida propone que los gestores deben limitarse a crear las condiciones propicias para el asentamiento de las clases creativas que a su vez generará crecimiento económico, pero no deben tratar de planificar "desde arriba" el proceso. Aún así, desde el punto de vista de los políticos, es difícil que entiendan esta distinción y no caigan en un exceso de planificación. Si queremos lograr el crecimiento de Avilés a través de la cultura se necesita transformarla en una ciudad creativa, y para ello es necesario fomentar ciertos valores, además de las tres “TES” y potenciar el capital social.

La incidencia de los valores y del capital social en la creación y dinamización de las llamadas infraestructuras blandas, que son las que inciden en una mayor capacidad de transmisión y generación de conocimiento, son difíciles de visualizar.


El papel del capital social en las ciudades se sitúa, también, en ese “lado blando”, en esas “infraestructuras invisibles”, tal y como las denomina Charles Landry en Creativity Cities que son imprescindibles para fomentar la innovación y la creatividad en los entornos urbanos. A su vez la metodología de Landry semeja una modalidad de etnografía aplicada, con un sesgo hacia el paradigma “acto global, llamada local” y requiere que se identifiquen los recursos y las capacidades locales para capitalizarlas y movilizarlas, para situarlos en las redes globales culturales y económicas. Esto es algo poco usual en nuestra comarca, salvo casos aislados como el de Gijón que veremos más adelante.

En la intervención más reciente de Landry, que fue en una pequeña ciudad de Australia, resultó muy sintomático descubrir que, una vez realizado un diagnóstico de la ciudad, la principal barrera para realizar el cambio, eran las propias autoridades locales, las mismas que lo habían contratado, pero al menos habían rentabilizado su presencia mediante apariciones públicas. Las ciudades pujantes, emergentes o globales, cuando son analizadas bajos los parámetros de las tres “TES” como indicadores de creatividad.


CULTURA Y DEMOCRACIA
Parte 3ª de tres

Pero esta metodología de las tres “TES” no es todo lo que hace falta para que la ciudadanía participe y eso es una tarea pendiente en Avilés. Gijón nuestra ciudad hermana, nos da constantes lecciones de una gestión municipal compartida.

Podemos recordar juntos aquel proyecto de intervención en las fachadas del paseo marítimo de Gijón, en el que hicieron participar a toda ciudadanía, recordareis que fue el pueblo el que eligió el proyecto ganador. Votaron y no eran elecciones municipales. Mi propuesta a las autoridades de Avilés es que nos permitan participar a nosotros también, que en este juego del “turista” la ciudadanía quiere participar.

Los ciudadanos de Avilés, como los de Gijón, podemos hacer nuestra la decisión de elegir y decidir. Podemos proponer, votar incluso, cuál es el proyecto arquitectónico que más nos gusta para la estación de Avilés. Podríamos elegir entre varios de los ganadores de los prestigiosos premios Pritzker; para no salirnos del manual; por un diseño orgánico de Paulo Mendez da Rocha, también brasileño como Niemeyer y poco conocido en Europa, o por una mujer innovadora como Zaha Hadid, por aquello de la paridad, se podría invitar al despacho de Jacques Herzog y Pierre de Meuron.

O si me apuran mucho, también podríamos arriesgarnos con un talento local, para que diseñe el proyecto de la estación intermodal; y elegir al joven talentoso arquitecto avilesino, Key Portilla Kawamura, quien por cierto trabaja en Suiza para Herzog&de Meuron.

Por qué en Avilés no podemos participar y opinar los ciudadanos en estos temas culturales. Será porque los que toman las decisiones por nosotros, no han leído a Richard Florida, ni a Charles Landry. O si los leyeron y consideran que la población de Avilés es poco creativa, interesante o propositiva, o que no tiene el nivel para estas cosas, que debe ser talento foráneo el decida y proponga, recomendado por el maquiavelo de turno.


Espero con ganas el relevo que lidera Pilar Varela, porque sé que con ella van a cambiar mucha cosas en la forma de hacer política cultural en Avilés.


El fomento de la tecnología, el reconocimiento y la incorporación del talento local y la motivación de la tolerancia, son tareas que Avilés y su comarca deben propiciar en los próximos años. Si queremos consolidar el proyecto de desarrollo local basado en las tres “TES” también debemos escuchar a sus críticos, como Joel Kotkin y no caer en las peores tentaciones.

Este sociólogo y escritor del Wall Street Journal hace una crítica severa al modelo de las “TES”, asegurando que hay muchos casos ilustrados de grandes ciudades, que han pretendido imponer el modelo de Richard Florida, aplicándolo como si fuera una receta de cocina y han sufrido un descalabro. Joel Kotkim, aportó datos estadísticos que reflejaban una crisis incipiente con descensos demográficos en los últimos años, escaso crecimiento económico, y un aumento preocupante de las tasas de paro en ciudades como San Francisco, Sidney, Londres o Berlín. Kotkin en su análisis, no se da cuenta de que el error, no se debe a la naturaleza del modelo de Florida, sino al fallo de la implementación, y esa fue responsabilidad de las autoridades locales de cada ciudad, los políticos a la tarea, se olvidaron de las relaciones y claro el talento no se puede importar.

Tampoco es del todo cierto que el éxito glamoroso de estas ciudades se limite a los 90, y que por lo tanto sea fugaz, ni que esté vinculado, como dice Kotkin, a la insensatez de la corriente dotcom. Concluye Kotkin que las estrategias de los políticos municipales de esas ciudades coincidieron en centrarse en el diseño de ciudades con "glamour", volverlas muy atractivas culturalmente para atraer al turismo.

Esos alcaldes consideraron que la creación de una imagen de ciudad con calidad de vida y ambiente cultural servirá por si sola para atraer a los jóvenes profesionales creativos, que a su vez fueran el motor económico urbano. Pero según Kotkin descuidaron la buena gestión, las necesidades de los ciudadanos "normales" (por ejemplo, familias con hijos) y la eficiencia en los servicios decayó, luego los creativos importados no arraigaron se fueron. Algunas de las conclusiones de Kotkien, sobre las propuestas de Florida al menos eran un poco chocantes, llegaba a insinuar que Florida proponía importar comunidades gays para fomentar el desarrollo de una ciudad.


Los economistas andan a la greña con las cifras y las estadísticas, sobre si es o no es una razón científica de peso la afirmación de Richard Florida de que las ciudades que más han crecido, en términos económicos, sociales y culturales, son aquellas que cuentan con una clase creativa, integrada por comunidades de tecnólogos, artistas, bohemios y gays.

Pero en realidad son los políticos los que andan más preocupados por las tesis de Richard Florida y de Charles Landry, porque de sus tesis se infiere que el talento, tan necesario para lograr que florezca una sociedad del conocimiento, pasa por fomentar, reconocer y tomar en cuenta al talento locala través de la participación de la ciudadanía en las decisiones. No se trata de aplicar la fórmula importada, porque salió de un prestigioso despacho de lumbreras que sacan conejos de la chistera sin pisar el territorio, eso nunca arraiga, ni de las inmigraciones forzosas de talentos, que cuando acaban su periodo laboral, regresan a su tierra de origen.

Tanto Landry como Florida hacen énfasis en este aspecto de propiciar el surgimiento del talento local. Y eso supone para los políticos compartir el poder, implica escuchar y eso es algo que aún no arraiga en la clase política.

El modelo de desarrollo urbano y social que proponen, tanto Landry como Florida, pasa por dar más poder a la ciudadanía, por una gestión transparente, por modelos más participativos y por fomentar el asociacionismo autónomo. Todo ello forma parte de un cambio rotundo en el liderazgo político.

Es el fin de la era de los caudillos oradores y retóricos, de los que hablan primero y después, de los que no escuchan, pero también es la debacle de los especialistas en importar fórmulas y recetas, que sustituyen al talento local.

Esos maquiavelos que pululan en las cortes municipales, que están ahí no por su talento, si no por la meritocracia, ellos son los que susurran al oído del líder supremo las propuestas, los que urden, deciden y traman detrás del trono, en la sombra. Son los que no toman en cuenta el talento local, contra el que en muchas ocasiones conspiran y en la mayoría de los casos lo desprecian y ningunean, porque no quieren compartir el poder.


La cultura es el último reducto de la dedocracia, el coto de poder de una dictadura injustificable que impide y retrasa el desarrollo participativo de las ciudades. Los ciudadanos deben ser tomados en cuenta en las decisiones, que afecten el desarrollo integral de las ciudades. Cuando la industria cultural es el motor de ese crecimiento, la energía que cohesiona todo ese sistema, son las personas y esa es la tarea pendiente de la democracia en el siglo XXI. Lo importante no es crecer mucho, si no crecer juntos.

Ver primera parte